Sobre las elecciones difíciles

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En Holanda teníamos una vida (casi) perfecta. Es un país donde todo funciona. Teníamos un excelente grupo de amigos, que afortunadamente aún son parte de nuestras vidas; y el trabajo estaba muy bien. Nuestra hija había nacido hacia no mucho y estábamos muy agradecidos por el trato recibido en todas las circunstancias. ¿Porque cambiar algo que funciona?

Acepto que no soy la persona más racional tomando decisiones; y admito que en este caso quizás me precipite. Pero el tren de las oportunidades se presenta de esta forma en nuestras vidas: como una idea, una alternativa, una realidad que podría ser diferente, quizás un poco mejor, o quizás un poco peor de acuerdo al parámetro que usemos.  Una elección. Estados Unidos fue esa alternativa (ni mejor, ni peor).

Aunque estaba tenso, no estaba demasiado preocupado. Era una decisión difícil, pero no era la primera, ni seria la última. Decidir quedarse o irse fue más sencillo de lo que hubiéramos imaginado. Una decisión meditada con mediocridad, y consensuada con mi esposa.

¿Por qué ocurre esto? A alguno les parecerá extraño pero las elecciones difíciles no son tan complicadas. Alguna vez un amigo español me conto sobre un razonamiento que había oído en una conferencia. Me quede absorto, adopte la lógica como propia e intento utilizarla cuando tengo oportunidad. Luego de googlear un poco, para este artículo, di con las conferencias de Ruth Chang y los invito a que se acerquen a sus reflexiones).

Las elecciones difíciles proponen un stress,  una incomodidad, por ende: nos parecen agresivas, distorsionan nuestro bienestar. Preferiríamos no tener que darle tanta manija y que la elección sea más sencilla, y la opción elegida se ala que más garantías de éxito tuviera.

En una elección sencilla, una opción es claramente mejor que la otra. Eso está fundamentalmente bueno – estamos todos de acuerdo.

En una elección difícil, una opción es mejor que otra en diferentes factores, habitualmente complejos, lo que nos hace pensar en pros y contras, hacer listas, etc. Holanda: sociedad moderna, un tanto fría y más lejana a nuestra cultura; trabajo seguro pero aburrido; seguridad en las calles pero un tanto insustancial. EEUU proponía un desafío nuevo, un nuevo aire. Una sociedad más compleja, aunque cercana al desorden y la improvisación de la que provenimos; un poco más inseguro laboralmente, pero techos de ilusión y posibilidades más altos si uno trabaja con honestidad y esfuerzo. Una elección difícil – en toda regla.

Ninguna opción era mejor otra en general. Tampoco era cuestión de machacarse mucho, pensando que para otras personas la decisión era más lógica o sencilla. No lo es.

Para decidirnos nos imaginamos nuestros futuros con cierto positivismo, en ambos escenarios, y ambos son plausibles; preguntamos la opinión a familia, amigos, colegas del trabajo. Nos informamos – y la información es una pieza fundamental, pero puede abrumarnos -. Y llegamos a una conclusión que  – en definitiva – hay elecciones que aun después de demasiada información y recoger opiniones, siguen siendo igual de difíciles.  Pero entonces, si no hay alternativa mejor que la otra, quizás no queda otra que concluir que ambas son igualmente buenas (o igualmente malas si tomamos el tema entre una inevitable elección entre dos males).

Si las opciones son – en general – parejas ante cualquier escala valorativa, deberíamos decidirnos por cualquiera – preferiblemente la que nos diga nuestra intuición (eso es lo que hago yo, me hace dormir mejor de noche). Sin temor al resultado; Ya hemos hecho todo el trabajo difícil; ya hemos imaginado todas las alternativas posibles y nuestro cerebro ha dicho basta y ha concluido que son igualmente buenas.

Si hubiéramos seguido en Holanda, seguramente la vida hubiera continuado tan bien como hasta entonces, con positivos y negativos. EEUU nos enfrentó con muchas cosas que habíamos imaginado, y muchas otras que no estaban en los planes; y eso es lo bonito de este tipo de decisiones. Queremos pensar que controlamos lo que nos va a pasar, pero la vida juega a los dados, y cambia las reglas todo el tiempo; lo hubiera hecho si seguíamos en Holanda, como lo hizo al decidirnos por Estados Unidos.

En conclusión; las elecciones difíciles no son tan complicadas; son decisiones que implican valores, no cosas mensurables. El valor que le damos a la seguridad; el valor que le damos a la oportunidad laboral; el valor que le damos al crecimiento económico familiar. Son decisiones a las que  hay que darles tiempo para que maduren, agotarlas de variables; exprimirla de valoraciones objetivas como subjetivas… hasta que quedemos confundidos. Y aceptar el empate si fuera necesario. Recién entonces escuchar al corazón y quedarse con la que más nos hace ilusión.

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